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¿Cuál
es el secreto de la longevidad deportiva?
POR: ANTONIO GUDE (REVISTA
JAQUE 535)
Tenemos hechos unos chavales a dos monstruos
del tablero, con más de dos tercios
de siglo a sus espaldas. Hablamos de Vassili
Smyslov y de Víktor Korchnói.
El primero acaba de cumplir ochenta años.
Se dice pronto, pero imaginario en activo
cuesta un poco más. Para imaginario
mejor, habría que tener su edad y
comprenderlo que significa jugar ajedrez
internacional, el trajín de los viajes,
los cambios de alimentación y demás,
extrayendo continuos recursos de las reservas
vitales a la hora de sentarse ante el tablero
y aguantar las cinco o seis horas de lucha.
Korchnói también <<marcado
otra muesca>> en su revólver:
la de los setenta. Claro que un decenio,
a esas alturas, significa mucho. Pero, por
un lado, la actividad de Smylov es relativa:
desde avanzados los ochenta podríamos
calificarla de actividad <<a medio
gas>>. Juega encantado siempre que
se le invita, pero no se le invita siempre.
En el caso de Korchnói existe, además,
una diferencia cualitativa a su favor: a
los 70sigue encontrándose entre los
mejores del mundo. En la lista de abril
aparece en el puesto 41, con 2634 Elo. Sigue
disputando torneos al máximo nivel
y aunque ya no se le ve en los rigurosamente
más fuertes (si bien todavía
ha jugado el año pasado en Wijk aan
Zee), sigue enfrentándose a jóvenes
grandes maestros de primera línea,
derrotándolos con más frecuencia
de la que ellos quisieran. Juega torneos
de ajedrez clásico, encuentros, partidas
semirrápidas o rápidas, simultáneas:
todo lo que le echen. Hasta da conferencias.
Tiene que jugar, porque ama el ajedrez por
encima de todo, ya, como dice su muje, Petra
Leeuwerik, <<en realidad está
casado con el ajedrez.>
· ¿Energía o armonía?
¿Cuál es el secreto de esa
eterna actividad? Según Korchnói
(véase entrevista, en este número),
no hay otro secreto que la energía,
tan imprescindible para el ajedrez como
para la vida. La declaración, no
obstante, nos deja desarmados: ¿Cómo
se consigue esa energía?Si lo sabe,
Korchnói no lo explica dejándonos
con la miel en los labios. ¿Tener
o no tener? En alguna ocasión ha
dicho que, desde hace largo tiempo, su secreto
es desayunarse con caviar. Parece demasiado
fácil (aunque no excesivamente barato)
para ser cierto.. ¿No es, más
bien un resorte- del carácter, de
una actitud firme ante la vida, lo que alimenta
de continuo sus energías?
Sin embargo, precisamente de falta de carácter
o de disciplina personal se ha autoacusado
Korchnói en más de una ocasión
(mis defectos de carácter me han
impedido llegar a campeón del mundo).
Y en el Café al paso de este número:
Mis agujeros me llevaron a estudiar de nuevo
ajedrez en 1963. volver sobre sus pasos
es una de las maldiciones necesarias del
hombre actual. Estamos en el 2001 y 38 años
de estudio tienen que haber dado sus frutos.
Espíritu autocrático no le
falta al veterano campeón. Nunca
le ha faltado.
Si la energía es el secreto, Smyslov
no produce la sensación de ser un
hombre enérgico. No sólo ahora.
Tampoco producia esa impresión cuando
era joven. Sus maneras y su comportamiento
siempre fueron suaves, amables y equilibradas.
Algo bien opuesto al expresivo ciclón
Korchnói, de gestos vivos e intensos.
Si a Korchnói se le arranca una sonrisa,
es que el sarcasmo ronda por algún
lado. Ningún parecido ante ellos,
ni en su aspecto personal, ni en ajedrez.
Sin embargo, ambos son productos de la sociedad
Soviética, con una década
de intervalo. Esa media generación
de diferencia no impidió que coincidieran
en infinidad de torneos y campeonatos de
su país, encuentros por equipo, conversaciones
polémicas y distintas circunstancias
vitales: ¡dos grandes maestros rusos
de la capital! No hay lapsos: Moscú
lo es ahora en la historia San Petesburgos
(que ha vuelto a llamarse así después
de haber sido Leningrado y también
Petrogrado) fue la verdadera e indiscutible
capital rusa, y sigue siéndolo en
el planocultural, con un patrimonio artístico
e intelectual mucho mayor que Moscú.
Smyslov parece haber encontrado una respuesta
distinta a su larga y fructífera
existencia: la armonía. El venerable
maestro moscovita cultivó en su juventud
la música, llegando a desarrollar
una magnifica voz de tenor: todo un aspirante
a la Opera de Moscú, descalificado
a última hora por sus examinadores.
En su autobiografía En busca de la
armonía explica perfectamente las
claves de su existencia: buscar la armonía
es tratar de o ajedrecístico. La
entrada en escena de parapsixólogos
Y gurúes, entre otro cúmulo
de detalles y acusaciones, compusieron la
trama de lo que por entonces parecía
insuperable estratégica de la tensión.
En esos cuatro años había
pasado algo importante: Korchnói
había dicho adiós a la Unión
Soviética, emprendiendo una nueva
vida en Europa occidental. Ahora, pues,
era un enemigo público, cargado con
el estigma del traidor. Kárpov volvió
a superarlo (¡en 32 partidas!), otra
vez por la mínima.
De modo que el apartida recompuso como
pudo sus trocitos desparramados por el camino,
descansó perspectiva y se dispuso,
una vez más, al asalto. La historia
se repite. Le esperaban Petrosián
y Polugaievsky. Dio buena cuenta de ambos
y con dificultades, despacho al joven Robert
Hübner con destino al olvido.
Llegó Merano, con sus connotaciones
damasquinadas y cruce geográfico
de culturas (Italia, Austria, Suiza, el
paisaje alpino).nunca, dice Korchnói,
tuvo nadie tuvo tanta ventaja en una final
por el Campeonato del Mundo. El equipo de
Kárpov constaba de más veinte
personas, que vigilaban hasta mis más
leves movimientos. Korchnói tenía
medio siglo a cuestas, todo un fardo para
conquistar la corona de laurel. Volvió
a perder. Bastaron 18 partidas para que
Kárpov renovase su título,
poniendo así su candado definitivo
a un sueño. Esta vez el Terrible
ViktorTENÍA que hacer algo más
que recomponer su identidad. Había
vivido un drama y se sentía un perdedor
ante cuya vista se extendían los
restos del propio naufragio.
Hubo un factor deportivo común del
que es culpable Gari Kaspárov: haber
retirado a ambos de la lucha por el campeonato
mundial. Lo hizo con Korchnói en
1983. en Petersburgués y ahora suizo
había derrotado a Portisch por 4-1
(y 4 tablas), pero Kaspárov fue demasiado
para él, que lo venció por
4-1 y 6 tablas. Korchnói seguiría
luchando, pero fracasó en Montpellier
85 (Candidatos) y también en el 88,al
perder el desempate en su encuentro Hjartarson.
Con Smysolv volvería a suceder meses
más tarde, precisamente en el mismo
ciclo, cuando el joven de Bakú lo
vence por 4-0 y 9 tablas. Pero era valorémoslo
como se merece- la final de Candidatos y
Smyslov tenía ya 63 años.
Cuestión De estilo
Abordar la cuestión de estilo es
delicado, porque los tópicos se repiten,
superponiéndose a las verdades, y
éstas no siempre son evidentes en
la superficie. Creo que Smyslov jugaba con
gran impulso en la primera etapa de su carrera
y aún concediéndole justa
prioridad a la estrategia, exhibía
una apreciable fuerza táctica. Esa
etapa puede haber durado hasta finales de
los cincuenta, cuando su capacidad para
interpretar la posición de su insuperable
técnica de finales pasaron a constituir
los factores esenciales en la elaboración
de su juego basado desde entonces en la
presión posicional, al amparo de
esquemas de apertura que elude la innovaciones
teóricas.
En el caso de Korchnói el tema se
vuelve casi inabordable.
Entrega de la iniciativa, juego a contrapelo,
maestría defensiva, virtuoso de los
finales, encarnizada tenacidad... ¡Es
tan difícil etiquetar a un jugador
complejo como Korchnoi! Ciertamente, él
mismo admite haber cultivado el estudio
del final, y numerosas partidas de su praxis
dan fe de su maestría en esa fase.
Mucho menos se habla - y no porque él
lo oculte- de la gran importancia que le
concede al estudio de las aperturas, cuya
teoría ha enriquecido con numerosas
aportaciones. Sus planteos tienden al sólido
fundamento estratégico, tratando
de delimitar la frontera del riesgo. En
el medio juego, sin embargo, Korchnoi desliza
imperceptiblemente su juego hacia los detalles
tácticos que subyacen en la posición,
una habilidad que le ha reportado no pocos
puntos en su carrera. Más escurridizo
es aún el tema de la iniciativa.
¿Cuántas partidas de Korchnoi
no hemos visto en las que asume la iniciativa,
imponiendo con limpieza u na ventaja posicional
o material, o conquistándola? Creo,
más bien, que la supuesta entrega
de la iniciativa (a cambio de material)
radica en que Korchnói es un tozudo
jugador racional que, a la manera de Lasker,
acepta todos los retos, cuando su razón
y sus cálculos no le convencen de
la corrección de una jugada contraria,
en cuyo caso es capaz de llegar hasta sus
últimas consecuencias, es decir acercarse
hasta el borde del precipicio.
EL indescifrable secreto de la plenitud
La cuestión capital es: ¿En
que sabia filosofía o régimen
de vida se han basado Smyslov y Korchnói
para alcanzar esa admirable plenitud? ¿Cuáles
son sus claves para haber vivido y estar
viviendo con tal intensidad? Esto nos lleva
a una triste reflexión (En Madrid
no hay muro de las lamentaciones): ¿Qué
hubiéramos podido esperar de Aliojin,
Keres, Tal o Stein, si hubiesen llegado
ha superar la barrera de los sesenta?
Energía, armonía: mágicas
palabras de siete letras, cuyo secreto nadie
conoce y que, por lo visto, prolongan la
expectativa vital de algunos maestros de
ajedrez, por más que, naturalmente
el misterio subsista.
Sin embargo, no estamos ante un doble Dorian
Gray, porqué el tiempo ha dejado
su perceptible huella en ambos. Quizá
habría que preguntarles sino estarían
dispuestos ha hacer un pacto con el diablo
para conservar una eterna vitalidad. Pero,
en realidad, no habría que preguntarles
nada de eso, porque ¿quién
no estaría dispuesto ha hacerlo,
con tal de poder jugar eternamente al ajedrez?
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